BREVE REPORTE DESDE MÉXICO. Una visión polémica y sincera de un avatar itinerante. Por: Wilson Sánchez

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Por: Wilson Sánchez

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en sus primeros cien días de mandato ha realizado acciones significativas que quizá ningún presidente después del derrocamiento del legítimo mandatario Maderos se ha presentado.

AMLO ordenó sacar a la luz pública todos los documentos secretos de las fuerzas de seguridad para conocer parte de la verdad de un México sangriento en estos largos y últimos decenios,  ha puesto en tela de juicio el papel de la policía.

Ya inicio con la universidad Benito Juárez su plan de construir cien universidades públicas en todo México, sigue denunciando los desafueros de la política tradicional y enfrentando públicamente a los corruptos, alivianó las presiones que los órganos multilaterales habían ejercido contra los maestros y la educación en general, anunció también la apertura de nuevos pozos petroleros y la construcción del tren Maya, acciones que han desconcertado a los movimiento ambientalistas, la lista es larga.

El ejército zapatista de liberación nacional, públicamente le ha declarado la guerra, un amplio sector de la izquierda desde los pasillos y cafeterías le descalifican y le vilipendian porque aún no toma medidas radicales y contundentes, además abraza a los empresarios. Lo cierto es que el viejo AMLO no cuenta con un pueblo organizado y menos aún con un partido fuerte para dicha tarea, MORENA es una montanera variopinta.

El viejo AMLO tampoco es un revolucionario, pues hasta hace solo veinte años era militante del PRI. Lo grave de todo es que la izquierda mentecata y desteñida aún cree que un hombre puede transformar la sociedad, y se quedan debatiendo en sus tertuliaderos el programa mínimo revolucionario y no asumen el instante para revertir las cargas en favor de la lucha organizada y empezar la arquitectura de la sociedad desde las bases.

Así están las cosas, o al menos así las percibo en México.

Ciudad de Querétaro, México 24 de marzo de 2019

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