BREVES TRAZOS DE UN CAMARADA. Por: Wilson Sánchez.

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Por Wilson Sánchez.

Hoy me levanté muy temprano, aún despuntaba la aurora. Prendí un tabaco con el único propósito de evocar al camarada Néstor Montilla.

Soplé muy fuerte en dirección al sur, invoqué su fraternidad y la de su familia; la imagen de su alegría flotó junto al humear, y un hálito de alegransa colmó el instante; su buen humor, sus chistes finos, su disposición a escuchar.

¡Qué bello ser humano el camarada!, -no joda-. Su solidaridad con la gente me han dejado una huella imborrable en mi senda de humano; su jovialidad de todos los días y las noches, propia de las bellas gentes del sur. -Bambaro- haz probado el pichingo-, me dijo, la tarde que lo conocí, soltó una sonrisa florida, sentí que me daba una bienvenida, una novedosa forma de expresar la querencia haciendo uso de los hilos invisibles de la camaradería.

Muchos tintos compartí en medio de las risas. Cuando pasaban muchos días sin vernos, parecía que el destino con sus mecanismos secretos hacía lo suyo para encontrarnos en los lugares inesperados de la ciudad sorpresa, entonces me saludaba con alegría,  me decía -no has vuelto a la oficina a tomar tinto, no me digas que a vos también te prohibieron irme a saludar, veras, veras porque no te vuelvo a ser reír-, -no jodas, camina un ratito para donde el Puendo y tomamos tinto-.

Caminamos justos gran parte de la geografía del sur, aquellos recorridos eran una verdadera festividad de chanzas, historias subterráneas propias de los pueblos, personajes típicos, comidas, saberes y sabores; parábamos en lugares alucinantes, y el camarada tenia siempre una historia que contar, un anciano que saludar, un piropo jocoso que decir.

Néstor conocía los vaivenes de las luchas y las subjetividades de las gentes del sur. Al camarada le gustaba vivir, era un verdadero habitante de la vida, un comunista de los actos importantes de la cotidianidad. Abur, abur Camarada.

Los Farallones de Cali, noviembre 2 de 2017.

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