CON LA LUZ DE LA ESPERANZA derrotaremos la oscuridad, Por: Jorge Luis Cabrera C.

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Por: Jorge Luis Cabrera C.

La patria diversa, plural, rica en recursos naturales, después de 53 años, avanza en un proceso irreversible de construcción de una sociedad justa e igualitaria, en la cual la dignidad del ser humano debe estar por encima de los arbitrarios intereses de las élites que se han adueñado de ella, apoderándose de  su conducción política, por más de dos centurias y convirtiéndola en la hacienda para explotarla sin consideración.

La inmensa mayoría de colombianos somos ciudadanos de bien, con alto potencial humano capaces de realizar las trasformaciones sociales, económicas y políticas que la nación necesita. En este momento histórico, se ha alborotado el avispero político electoral, donde las clases dominantes, agazapadas en los tradicionales partidos políticos y sus engendros, empiezan a juntar sus huestes para organizar las marrullas electoreras, fundamentadas en las falsas promesas y mentiras.

Las derechas de todos los pelambres, que han resucitado al fragor de la mentira y el discurso del miedo, están asustadas y como bestias heridas han salido a la palestra pública a engañar a través de los medios, mostrándose como las salvadoras de los valores familiares y cristianos que casi nunca practican, en este sector se escampan, Uribe, Pastrana, Ordóñez, Ramírez, que ya han manifestado su intención de participar en la contienda electoral con la bandera de ponerle talanqueras a los acuerdos de paz. El Vargas-Llerismo, está a la expectativa pensando desde su madriguera cómo tacarla, el coscorronero jefe de la agrupación, trata de dar la impresión de que no está interesado en la contienda, sus alfiles lo están promocionando y se han inventado una estrategia que pretende confundir. En el fondo lo que buscan es ver cómo cuadran las alianzas, se han cuidado de no identificarse con las posiciones extremas de los del C.D.

Pero la oligarquía colombiana, la más astuta de Latinoamérica, no va a ir dividida a la faena, y ya encontrará la fórmula para tratar de quedarse con el poder. Los barones electorales territoriales, los dirigentes del comercio, la banca, la industria, los grandes medios de comunicación,  pondrán todos sus recursos al servicio de una candidatura presidencial, que les asegure el mantenimiento de sus privilegios.

Al otro lado de la orilla, se observan diversos matices y dispersión organizativa y programática. Existen algunos sectores que han manifestado que con la entrega de las armas por parte de la insurgencia, el proceso de paz ha culminado y que lo que se impone como bandera electoral es la lucha contra la corrupción; otros sin embargo, piensan que la construcción de la paz, va más allá de la entrega de las armas, porque el proceso implica la implementación de los acuerdos en materia de víctimas, reforma agraria, reforma electoral, seguridad para los excombatientes, derechos humanos básicos, lo que no descarta también la lucha contra la corrupción.

Amplios sectores sociales, claman por la unidad electoral, alrededor de un programa elaborado colectivamente por los sectores democráticos, de izquierda, de organizaciones sociales, de ciudadanos sin partido, de jóvenes, mujeres  y que estarían dispuestos a apoyar la candidatura que acoja la propuesta programática unitaria y se someta a la decisión de una consulta transparente que lo proclame.

La luz de la esperanza por una Nueva Colombia sigue viva y se fortalecerá en la medida en que se depongan pequeños intereses y se sumen energías para encontrar la salida  que permita construir una paz con justicia social.

Eventos como el Encuentro Nacional por la Unidad, el Congreso Nacional por la Paz, las decisiones del VI Congreso de la UP, son caminos que se han abierto en la búsqueda de una Gran Convergencia Democrática depositaria de los deseos, aspiraciones y de vida digna para millones de colombianos.

Un elemento importante que potencia unas votaciones favorables para los sectores democráticos, es el que tiene que ver con que las elecciones del 2018 son las primeras que se realizan sin el ruido de las armas, después de 53 años y que las FARC participarán en la contienda electoral como un partido político que ha manifestado su decisión de apoyar la candidatura presidencial, que sea producto de la más amplia convergencia ciudadana, social y política.

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