DE TUMACO AL NAYA. Crisis humanitaria en el Pacífico Colombiano. Por: Zabier Hernández Buelvas

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Perdida entre las noticias de la huelga de hambre de Santrich y las elecciones venideras del 27 de mayo, quedó invisibilizado y desapercibido un hecho extremadamente grave. El pasmoso silencio de la institucionalidad especialmente del Gobierno Nacional y de los órganos de control como la procuraduría, tan acuciosos al momento de acusar y judicializar a líderes y lideresas sociales, llama la atención.

El 5 de mayo pasado una estructura armada ilegal denominada “Guerrillas Urbanas del Pacífico” que tiene una incidencia actual en región del Naya, se llevó por la fuerza al líder Iber Angulo, arrebatándoselo literalmente de las manos de  la Defensoría Nacional del Pueblo, atentando y violando la acción de la Misión Humanitaria. El hecho se desarrolló en el punto conocido como Santa María en la ruta que desde la vereda Juan Santos del municipio López de Micay, en Cauca se dirigía a Puerto Merizalde, departamento el Valle. Es un hecho muy grave que suma dos misiones humanitarias atacadas en 5 meses, en Colombia en el posacuerdo, una atacada por la fuerza pública en el Tandil Tumaco, Nariño el 8 de octubre de 2017 y La otra en el río naya el 5 de mayo de 2018.

Íber Angulo había denunciado que lo estaban buscando. Por eso se organizó la misión humanitaria para rescatarlo.

Es preocupante que de dos misiones atacadas en estos meses, una haya sido de la Policía Nacional Antinarcóticos y otra por un grupo armado ilegal, hecho que nos lleva a inferir que una institución del Estado como la Policía Nacional comparte la valoración de enemigo que tienen los grupos armados ilegales sobre las misiones humanitarias, degradación del concepto de lo humanitaria en un  Estado paramilitarizado.

Esta coincidencia terrible entre lo que pasó en el Tandil en Tumaco y lo que acaba de pasar en le Naya en el Cauca, es uno de los grandes males de nuestro Estado actual en Colombia, es decir el ejemplo y el mensaje que constantemente están enviando las instituciones del Estado y el los gobiernos es del irrespeto y la desvaloración de la acción humanitaria. ¿Si la policía nacional ataca una misión humanitaria porqué un grupo armado no puede interceptar una misión y llevarse por la fuerza, asesinarlo o desaparecer a un líder protegido?  Este es el punto, si el Estado, sus instituciones y el gobierno no respetan a los defensores de DH y a la acción humanitaria, ¿por qué aquellos que están al margen de la ley deben hacerlo?

Pero el hecho muestra además un retorno y reactivación del paramilitarismo en el posacuerdo, que llegó con más fuerza y virulencia y ante el cual se evidencia una visible falta de voluntad del gobierno Nacional en su desmantelamiento. Entre Tumaco y Buenaventura, pasando por el Naya, en las zonas postfarc, se identifican más de 20 grupos armados ilegales regionales y locales, 2 carteles nacionales, 2 carteles internacionales, disidencias y el ELN. La estrategia de militarizar con 80 mil hombres de la policía y el ejército estos territorios ha sido un completo fracaso, que en esencia ha profundizado la crisis humanitaria  que viven hoy las comunidades afros, indígenas y mestizas campesinas.

Desde Tumaco, pasando por el Naya hasta Buenaventura los gobiernos y estados locales están cooptados por las maquinarias tradicionales corruptas que han capturado las finanzas públicas y aliadas al paramilitarismo, el narcotráfico y los poderes empresariales y agroindustriales interesados en los yacimientos minerales de estas regiones, mantienen el litoral en una permanente crisis social, económica y humanitaria sin precedentes.

La crisis humanitaria que vive hoy el pacifico colombiano y el país, está basada en la gran crisis de valores que ha construido el Estado, Estado que promulga una moral y un política que trata a todos como enemigos y que intenta controlar social, cultural, económica y políticamente utilizando el aparato represivo para imponerse. Cuando el estado y las instituciones colombianas respeten, valoren y defiendan a las comunidades, a los defensores de derechos humanos y las misiones humanitarias sean asumidas como aspecto fundamental de la paz y la reconciliación, entonces los grupos armados y el paramilitarismo empezaran a respetar a las comunidades y sus acciones humanitarias.

De Tumaco al Naya y en todo el pacífico lo que debiera haber hoy en desarrollo es un gran laboratorio de la inversión social para paz.

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