DEJÉMONOS DE VAINA CAMELLO. Un barco frágil de papel que nos dejó. Por: Zabier Hernández Buelvas.

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Jorge Cabrera “El Camello” un barco frágil de papel que nos dejó la ternura y la rebeldía como herencia.

Por: Zabier Hernández Buelvas.

Dejémonos de vainas, el Camello no le caía bien a mucha gente, solo quienes lo conocimos de cerca, que entendimos sus lógicas, su forma de asumir la vida y fuimos “víctimas” de su amor, su generosidad pero también de su rebeldía, podemos decir que nos hace falta, que su ausencia se sentirá en los espacios y escenarios y que su memoria seguirá presente en los retos que hemos asumido.

Dejémonos de vainas, el Camello era un bohemio y borracho, nunca lo vi esconderlo, es más, diría que lo asumía con orgullo, haciendo uso de un albedrío propio, escaso en estos tiempos de sumisiones y dependencias. Asumía la bohemia como un buen vivir y la disfrutaba a tal punto que en su trances bohemios se volvía exageradamente tierno y amoroso. Sus chumas eran productivas, se le aceleraba la creatividad y se le afinaba la crítica certera contra los corruptos y los politiqueros y entonces los afectados por sus critica lo atacaban y le decían borracho. Cuestión que les resbalaba al Camello. No lograron callarlo.

Dejémonos de vainas el camello era un indisciplinado, no le gustaba seguir a nadie, no aceptaba ordenes ni orientaciones, a menos que fuera él arte y parte de la orientación construida. No le pedía permiso a nadie para hacer, viajar o asumir una posición. No obedecía a ningún directorio político ni a ningún partido, aunque decía que su partido era la “Izquierda feliz” era un hombre con ideas y compromiso en defensa de la vida y la paz, pero sin ataduras organizativas ni partidarias.

Dejémonos de vainas, el Camello fue un hombre de mil amores, repartió amor a muchas mujeres y fue correspondido por muchas. Quienes lo conocimos de cerca, sabemos que hay tres mujeres que lo marcaron y de las que nunca pudo desprenderse sentimentalmente. Hasta sus últimos días fue un enamorado y conquistador irremediable, cuestión que incluso sus amores le reconocían y respetaban.

Dejémonos de vaina, el Camello no era un periodista convencional, era un escritor y analista permanente de las realidades de nuestros territorios nariñenses. Como periodista y comunicador salió del molde y a su avanzada edad aprendió a manejar las redes y la internet, poniéndolas al servicio de su crítica certera, comunicando con un lenguaje y una picaresca forma, fuera de toda normalidad y tradicionalidad. (Recordemos el tumbaito y la cadencia bailadora con que realizaba sus “arenazos del Camello”)

Dejémonos de vainas, el Camello fue un docente a cabalidad que le dedicó su vida a enseñar y aprender, que le valió reconocimientos por toda la región, lo fue en Tumaco y otros municipios donde dejó infinitas amistades que lo recuerdan como un hombre entregado a su profesión y comprometido con las comunidades.

Dejémonos de vaina Camello, no debiste morirte ahora, sin avisar y sin darnos la oportunidad de despedirte, pero estoy casi seguro que así lo considerabas mejor, te imagino diciendo “que no me jodan y me dejen morir tranquilo” y repitiendo el estribillo de la famosa canción que te gustaba tanto

A mis amigos les adeudo la ternura
y las palabras de aliento y el abrazo;
el compartir con todos ellos la factura
que nos presenta la vida, paso a paso.

A mis amigos les adeudo la paciencia
de tolerarme las espinas más agudas;
los arrebatos de humor, la negligencia,
las vanidades, los temores y las dudas.

Dejémonos de vainas Camello, nos dejas un dolor profundo al irte como barco frágil de papel, no tenemos más remedio que seguir sin tu presencia física y alimentar nuestra lucha de tus recuerdos y tu ejemplo.

PD 1: Recibí la noticia en la mañana bien temprano, estuve un buen rato en silencio, el dolor no me dejaba reaccionar. No quise decir nada en los grupos de whatsapp.  Y después los recuerdos comenzaron a tomar forma en estas palabras escritas que comparto públicamente con respeto y admiración por el Camello y su familia.

PD 2: Jorge Cabrera El Camello fue un columnista que envió de manera voluntaria y permanente a www.websur.net su escritos. Sus visiones novedosas y críticas harán falta siempre en este espacio de comunicación alternativa nariñense.

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