ESQUELAS DE AMIGOS AL MAESTRO PATIÑO, el amante de libros.

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Henry Patiño, imagen de Archivo de Marcos Castillo

Recuerdos del maestro Patiño, un amante a los libros. Wilson Sánchez.

La vida es una tómbola de noche y de día, la vida es una tómbola arriba y arriba, la vida es una tómbola… Canción dedicada al maestro Henry Patiño cantada por Manu Chau, cantor entre nosotros; Patiño, es un bello hombre que nos acercó a la magia de los libros, nos presentó las maromas infinitas del ajedrez, nos enseñó los vericuetos, las cábalas, los espejos y el claro oscuro de Jorge Luis Borges y, su exquisitita inclinación por la literatura policiaca y persa. Siempre promulgó y practicó el futbol como un juego de jovialidad para los domingos en la tarde.

Había oscurecido de golpe; oí rápidos y casi secretos pasos en lo alto; alcé los ojos y vi un muchacho que corría por la estrecha y rota vereda como por una estrecha y rota pared. Recuerdo la bombacha, las alpargatas, recuerdo el cigarrillo en el duro rostro, contra el nubarrón ya sin límites. Bernardo le gritó imprevisiblemente: “¿Qué horas son, Ireneo?””. Sin consultar el cielo, sin detenerse, el otro respondió: ‘Faltan cuatro minutos para las ocho, joven Bernardo Juan rancisco”. La voz era aguda, burlona. Yo soy tan distraído que el diálogo que acabo de referir no me hubiera llamado la atención si no lo hubiera recalcado mi primo, a quien estimulaban (creo) cierto orgullo local, y el deseo de mostrarse indiferente a la réplica tripartita del otro. Funes el memorioso, Borges.

Hace algunas lunas, pase por la memorable tienda el “Mercadito”, lugar que después de la Biblioteca, es su paradero pendenciero de todas las noches, allí deja escapar sus silenciosas palabras, allí alienta y apacigua, los desazones de su muchachada de viaje; allí siempre lo encontramos con un libro distinto, adquirido en los usados, narrando su reseña con amplia solvencia y erudición, en el más sencillo y sereno de los tonos, ejerciendo el arte del buen decir; el maestro Patiño es un hombre manso, suave, inofensivo al cosmos; quizá el mejor mensajero del silencio abrumador de los libros que muchos no hemos abierto aún.

La noche que lo encontré, saqué lápiz y cuaderno, tome minuciosas notas de todo cuanto dijo, me recomendó leer toda la obras del escritor Pedro Gómez Valderrama, especialmente, sus cuentos poco conocidos y su obra “la otra raya del tigre”, luego me recomendó leer un escritor brasilero llamado João Guimarães Rosa, vaya sorpresa, saco de su viejo maletín “El Gran Sertón. Veredas” en pasta dura y con un olor a libro añejado, que suscitaba avidez de ser devorado en una sentada, lo tomó entre sus manos, lo abrió en la página 489 y leyó un pasaje desbordante de selva y olores alucinantes; me dijo, -llévalo para Nariño y lo lees a la altura de los Andes, y luego me cuentas que se siente leer ese bocato a baja temperatura y en una de las antesalas de la amazonia. Después me dijo que era de vital importancia leer al maestro Gilbert K. Chesterton, “El candor del padre Brown”. Rápidamente me exhorto a iniciar la lectura de William Faulkner, “Luz de Agosto. Pidió un soda, empezó a tomarla lentamente, haciendo gárgaras sutiles en su fauces; de pronto paso un transeúnte, se acero y dijo –viejo Pati, como ves el clásico del domingo-, Patiño con una sonrisita de roedor astuto le contestó, -nada que hacer,  papilla comida-. Luego Patiño preguntó la hora y entre la mesa del domino una voz metalica y desgatada dijo -son las 8:45, es hora del chocolatico-. Patiño se levanta, me dice, viejo Will, -lo dejo debo arrimar donde las chachas a tomar chocolatico con pan-. Nos despedimos de un abrazo.

Luego volví a pasar varias veces y no lo encontré más. Hasta que su mecenas y amigo, Marcos Castillo, hoy en la tarde me informó que el maestro Patiño se encuentra hospitalizado, y que mañana 18 de julio a partir de las 6:00 am, será intervenido en una cirugía muy complicada. Que los dioses de la vida y la muerte, deliberen con justeza, pues aquí los niños palmiranos y nosotros los viejos incurables, necesitamos un escritor que cuente nuestras afujías y destinos contrariados; necesitamos leer el compendio de cuentos del juego de ajedrez, es dable que el maestro Patiño siga contando historias…abur, abur y buena ventura en esa cirugía, fuerza Patigol.

Palmira, 17 de julio de 2017

El maestro Henry Patiño, el librofilo de la maleva izquierda Wilson Sánchez.

Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca. Jorge Luis Borges

-Camarada Marcos, buenos días le deseo en este iluminado equinoccio

-Cuénteme: como amaneció el maestro Patiño. Amaneció!

-Me lo saluda fraternalmente

-Dígale que aquí con el tabaco lo estamos tabaqueando con fuerza, humeando las buenas energías para su pronta recuperación

-Mucho ánimo para el Maestro de la literatura andante, Palmira lo reclama, por ahora no hay quien tenga el coraje de remplazarlo en tal oficio.

-Buenos días, si amaneció, los médicos anunciaron que no hay nada que hacer, cualquier procedimiento médico es tortura. Hoy sale del hospital y te informaré donde estará mientras la parca le de licencia. Creo que escogerá como su nicho donde se encuentra  la recopilación de la memoria y su energía de vivir sus libros: Cervantes, Dante, Valderrama, Cherteston…Li Po, Borges….y todos, todos los textos guardados y dados a los jóvenes para que se iniciarán en las delicias de sus lecturas sugeridas…cuánta formación de paz crítica, elevó Patigol con sus misiles los libros en su maletín, junto con sus Guayos para poner en movimiento la pelota con el toque de su maleva izquierda…y regalar el texto si lo tenía o salía a buscarlo, para darlo como regalo con su sonrisa y mirada de complacencia.

-Marcos, esperemos y roguemos que al maestro Patiño, -los Cronófagos-, los comedores del tiempo, no le pidan cuentas de su congénito oficio de ocio creador, y que no lo ronden por estos días.

Diálogos sobre el Maestro Henry Patiño. Palmira, julio 19 de 2017. 

Salve viejo Pato. Irne Escobar

La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene. Jorge Luis Borges

¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios. Gilbert Keith Chesterton

Que no vaya a ser un homenaje póstumo, o una triste premonición….este país no aguanta la muerte de un inmortal….salve viejo Pato, espero que salgas, cómo Bioy Casares, por un túnel, hasta la vida, nuevamente, espero que te den una pócima hecha por Jekyll, que tu corazón delator, palpitar en tu pecho, que la secta de los treinta, sea de treinta y uno, que te Garrigues con la piel de zapa, para el frío de la caverna, que un gato negro, no te visite hoy, que como una mala hierba no mueras, que tus alfiles, protejan a tu rey, que tu órgano tenga su metamorfosis, que puedas volar a través del Aleph, y llegues a muchas Ítaca, que el cuervo no tenga donde posarse, que no te puedan retener, que no montes en la barca que atraviesa el acheronte y que el padre Brown no venga a visitarnos. Nosotros estaremos con un perseguidor y un diablo en una botella, esperándote…

Bogotá, julio 19 de 2017

Maestro dele lidia a esa oscura sombra. Zabier Hernández Buelvas.

El gran amigo de mi gran amigo, si es mi gran amigo. Esa frase un poco atravesada podría decir, para anunciar que al leer los textos sobre el maestro Patiño, no pude evitar escribir una nota de saludo y abrazo para quien despierta en mis amigos está oleada de caracteres con sentido de humanidad. Creo que en algún momento lo conocí, me da la impresión que en mis visitas a Palmira algunos de mis amigos me lo presentó y si no fue así, ya lo conozco, ya quienes me anteceden en estos textos me lo presentaron y eso basta para saber que es un gran ser humano.   Maestro dele lidia a esa oscura sombra, invoque a sus dioses libros y autores y ojalá pueda llegar a verlo pronto. Un abrazo de un amigo de sus amigos.

Pasto, Nariño, julio 20 de 2017.

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