“LA DEMOCRACIA YA NO ES EL ACTO DE VOTAR”: José Antequera. Por: Mario Zamudio Palma. 

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Por: Mario Zamudio Palma.

José Antequera es un hijo de la paz. Pero primero lo fue de la violencia. En 1989, su padre, que tenía su mismo nombre, murió baleado en la ola de violencia que casi acaba con la Unión Patriótica (UP), partido al cual pertenecía y que había surgido tras un esfuerzo entre el gobierno y las guerrillas por acabar con la guerra.

Su madre, María Eugenia de Antequera, fue luego amenazada durante años, y él mismo tuvo que pasar su infancia rodeado de escoltas, encerrado en camionetas blindadas y bajo la custodia de esquemas de protección.

Hoy Antequera tiene treinta y tres años y es un activista por el futuro de la paz. Detesta que lo llamen ‘víctima del conflicto’, pues la etiqueta, dice, lo pone en “una posición pasiva en la historia”. Y sus actos ya demuestran que él busca todo lo contrario: con el movimiento Paz a la Calle impulsó a miles de jóvenes a manifestarse contra la guerra tras la victoria del No en el plebiscito del 2 de octubre de 2016, y hoy ya proyecta una carrera política: lanzarse a elecciones sí, pero lejos de maquinarias.

Hablé con él de las lecciones que le dejó el movimiento por la paz, de la campaña presidencial que se aproxima, de las negociaciones con el ELN y de su decisión de seguir los pasos de su padre y ahora hacer política.

Con Paz a la Calle usted formó parte de uno de los movimientos juveniles más importantes de los últimos tiempos en Colombia. ¿En qué anda ahora?

Hemos lanzado una iniciativa que se llama Ojo a la Paz, un proceso de veeduría de lo que se está tramitando en el Congreso. Acabo de llegar de una gira por Europa, con autoridades locales en eventos académicos, donde discutimos sobre el estado actual del proceso de paz y los retos de la implementación.

¿Qué significa ser hijo de un proceso histórico como el de la Unión Patriótica?

Significa tener consciencia de que este proceso de paz que tenemos hoy no es solo el producto de cuatro años. La paz en Colombia se ha trabajado hace más de treinta. También es un compromiso que me permite comprender los debates y las lógicas de quienes se oponen al proceso de paz. Somos sobrevivientes, hemos participado en los procesos de paz por gusto, pero también hemos dado la vida por eso. A mi papá lo mataron por participar en los procesos de los ochenta a través de la UP, y he visto mucha gente amenazada, sufriendo o exiliada por trabajar por cosas que al final significan paz.

Usted ha dicho que no se siente cómodo con la etiqueta de ‘víctima’. ¿Por qué?

Es una categoría jurídica que significa que alguien me tiene que reparar por el daño ocasionado. Pero cuando eso se extiende al ámbito político, es como si me dijeran que soy el cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Además, me pone en una posición pasiva. Y ninguna de esas cosas se acomodan a mí o mi historia. Mi familia ha sufrido daños a causa del conflicto porque participó conscientemente en la búsqueda de la paz. Y yo no busco solo reivindicar derechos para mí, sino para la gente, y no lo hago de manera pasiva. La etiqueta de víctima se me queda pequeña.

¿Ha pensado en entrar a un partido y aspirar a ganar elecciones?

Muchas veces me han dicho que debería ser candidato, y estoy dispuesto a serlo. Lo que me da tristeza es que la gente piense que la única forma de hacer política es lanzarse de candidato.

¿Qué lección dejó Paz a la Calle, que contó con una gran cantidad de jóvenes?

Paz a la Calle, la Mane (Mesa Amplia Nacional Estudiantil) y las movilizaciones sociales poco visibles demuestran que la democracia ya no es el acto de votar. La democracia implica escuchar a los grupos que se movilizan y una lucha contra la manipulación del concepto. Paz a la Calle fue un movimiento contra la manipulación para ganar el plebiscito a punta de mentiras.

“La etiqueta de víctima se me queda pequeña”

¿Qué desafíos principales ve para la implementación del acuerdo de paz?

Tienen que implementarse cosas que hagan a la gente ver que el proceso está cambiando sus vidas. La gran discusión ahí tiene que ver con los recursos para el posconflicto. Hoy, cada debate en el Congreso es una oportunidad para que algunos quieran cambiar lo pactado. Cada debate en el Congreso es importante para salvar los acuerdos.

La persona que terminará esa implementación será el presidente elegido en 2018. ¿Cómo ve la campaña que se viene?

Hay dos tendencias. Una cree que el problema de las próximas elecciones es de marketing político para, por ejemplo, cambiar el mensaje de guerra y paz por un mensaje contra la corrupción. La otra piensa que lo que hay que hacer es recurrir a una coalición que reafirme los acuerdos. Ninguna es correcta. Esto no lo va a salvar ni el marketing, ni la resignación. Con el marketing corremos el riesgo de no entender que el país necesita un acuerdo desde abajo, y con la resignación desconocemos que hay gente que rechaza cosas de este gobierno, más allá de la paz. Cosas como la reforma tributaria, el precio del petróleo y otras reformas que afectan el bolsillo. Colombia necesita una propuesta seria para la transición.

Tomado de  http://pacifista.co/la-democracia-ya-no-es-el-acto-de-votar-jose-antequera/ .

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