¡LEGALIZARON LA COCA! (LOS SECRETOS DEL RÍO). Jaime Rodríguez

0

¡LEGALIZARON LA COCA! (LOS SECRETOS DEL RÍO)

(Margarita)

La botella está a punto de acabarse, el Camello se toma otro trago. Mira de frente mis ojos y con rabia genuina, reprocha:

— ¡Para que me contaste de esa puta vieja! Ahora vivo alucinando con todo lo que  has dicho. La sueño a cada rato. Ya ves, ahora mismo salgo a Paso Real a buscarla. Voy a arriesgar mi vida en esas selvas sin saber si Margarita todavía existe, si ya la mataron, si ya se enmozó con un guerrillo o con un paraco. Vos si sos la cagada… con tu carreta siempre me jodes la vida.

—Calmate Camello —le digo comprensivo– si tienes tanto miedo entonces no vayas a Paso Real. Nadie te obliga. Es tu curiosidad natural la que te jode. Quien te manda a ser periodista.
El Camello bebe el vaso grande de ron hasta el fondo y se queda dormido a profundidad. En el sueño recorre los campos del Municipio de Policarpa y su paraje más importante: Paso Real, el puerto fluvial que une la carretera Panamericana con el Océano Pacífico, en el sur de Colombia.
Vuela como un cóndor sobre el Río Patía. Lo mira deslizándose lento como una gran serpiente ciega de color ámbar que muerde el oro de las vetas de cuarzo del macizo colombiano, para depositarlo en las vegas donde viven los negros cimarrones fugados de sus amos españoles que los esclavizaron durante centurias en Barbacoas.
Asciende hasta Altamira, pasa por la minas de oro de Madrigal, baja hasta el centro poblado, desciende al lugar en donde el río juega a su capricho y se convierte en herradura. Llega y se intriga frente a la Cueva de los murciélagos, sigue derecho hasta El Ejido. Aquí se detiene embelezado a mirar  la vieja tarabita prendida a cada orilla del río y ahora destrozada por el abandono de los años. Se paraliza en el aire. Quieto, pasmado como un quililí, contempla los extensos campos y los observa todos florecidos. Llora en el sueño al ver la maravilla de la Hoz de Minamá apretando al río, a la serpiente gigante, para volverla un hilo de agua que puede saltarse de orilla a orilla en un solo brinco.

          Cuando cree que ya no es posible más belleza, regresa a mirar a la carretera y    descubre el túnel natural de mármol rosado. Y al salir  del túnel alguien lo espera. Es Margarita. Viene a su encuentro volando en una nube ámbar, envuelta en velos transparentes que se mueven dulcemente con la brisa de la madrugada. Lo agarra de la mano y con su voz de mirla le dice:
— Mira los niños ya están llegando a la escuela.

    Son niños sanos que cantan canciones y juegan con todo vigor, alrededor de una escuela limpia llena de luz, pintada de alegres colores y con anchas ventanas y generosos campos para el deporte y la cultura. Se revuelcan en los potreros, brincan y se corretean gritando.

Entonces la madrugada le huele a cuaderno nuevo, a ropa limpia, a lápiz recién afilado, a pupitres encharolados, a aroma de huevos fritándose para el desayuno de los niños, al humus vegetal, orgánico de río y al perfume de fresia que transpira la maestra.
Margarita ahora mira fijamente  los ojos del Camello, lo abraza se recuesta en su hombro y musita con una voz extraña:
—Que distinta es la vida hoy. Hace diez años que legalizaron la coca y mira cuanto ha aumentado la felicidad de la gente.
—Con la coca legalizada—– dice el Camello—– a los pocos años terminó la guerra de los grupos armados. Esos bárbaros se quedaron sin oficio y llegaron los buenos tiempos.

II

—Bueno compadre Raíz, me despido. Si no salgo rápido me voy a enloquecer pensando y soñando a Margarita y todas las maravillas y amarguras que me has contado de Paso Real.

El Camello hace un momento se despertó  de un brinco; durmió su borrachera casi 4 horas de seguida y me ha contado su sueño en detalle. Ahora está furioso porque leyó en Internet  que los paramilitares clausuraron la emisora comunitaria de Paso Real.

—Fíjate. Yo que toda la vida he luchado para que estas emisoritas se sostengan. Son casi lo único que  tienen los campesinos para contarse sus historias y pedir favores y estos malparidos la cierran y escuchá con que argumento.

Saca una hoja que ha impreso desde Internet y me lee. “Los hombres del Bloque Libertadores del Sur también hicieron cerrar una emisora comunitaria que informaba en qué partes del río se encontraba cadáveres para que fueran enterrados. “Fue clausurada por ellos. La gente de la emisora fue amenazada porque estaban regando mucho el campanazo y se daban cuenta de las personas que asesinaban”, le dijo un desplazado a VerdadAbierta.com.

III

El Camello ahora ha llegado a Puerto Real. Desciende  del campero con su equipaje en la espalda, estira su cuerpo como una lagartija y lanza una maldición: “que viaje tan hijueputa” dice. La travesía duró más de  seis horas entre bultos de cebolla, gallinas, repollos y en medio de campesinos que no hablan por físico temor. Está empolvado por completo y trae molidos todos sus músculos por el zangoloteo persistente en el viaje. Tan pronto recupera fuerzas,  detiene a un paisano y pregunta por la profesora Margarita pero no hay respuesta. Y así pasa de rostro en rostro averiguando sin conseguir réplica. Avanza el tiempo y siente que la atmósfera comienza a ponerse viscosa. Voltea a ver como en las puertas de las casas de bahareque con su urdimbre de palos, cañizo, cañas, zarzo y barro,  las señoras cuchichean y se ocultan tan pronto las mira. Ahora un sol de canícula hace su trabajo. Le arranca sudores cargados de sal que caen de su frente directo a los ojos hasta enceguecerlo. Se soba con las manos y es peor. El río Patía por su lado, fuera del alcance de su vista, se manifiesta como música de fondo rugiendo con una resonancia siempre presente y caprichosa. Está crecido y arrastra piedras de todos los tamaños originando una sinfonía percutida con miles de sonidos ininteligibles para oídos bisoños. A punto de colapsar entre el pánico, el cansancio y la impotencia por la insolación, el Camello oye a su espalda una voz fresca como rocío:

—Usted es el Camello ¿no?

Hace esfuerzos para mirarla, y… no puede;  no ve nada, la sal del sudor en sus ojos lo tiene enceguecido. Pero una fuerza superior le dice que ella es Margarita y entonces devuelve la pregunta ansioso:

— ¿Usted es Margarita?

—Si.  El compañero Raíz me ha llamado a contarme que  usted llegaría hoy   y estaba atenta. Me he demorado un poco mientras organizaba a los niños en la escuela… usted sabe.

Margarita se acerca a una casa pide agua limpia y con un trapo asea el rostro del Camello, quien se siente entre nubes como si entrara al mismo cielo. Luego con paso calmado lo lleva hasta su casa. Es un lugar muy limpio y con todo en orden. Tiene todas las carencias propias de una vivienda en una vereda campesina, pero hay gusto en el arreglo del lugar  muchos libros, plantas ornamentales tropicales y obras de artesanía.

—Ya le tengo preparado su cuarto. No es gran cosa pero estará cómodo para hacer sus investigaciones —dice Margarita– con tal que ayude a los niños y campesinos de Paso  Real, aquí lo atendemos con mucho cariño.

El Camello ya ha recobrado la vista y no se cansa de admirar la belleza de Margarita. En realidad es como la imaginaba, 26 años de edad,  estatura mediana, senos retadores, cuerpo bien torneado, las facciones de su rostro mestizo bien caracterizadas con un cargado acento indígena. Su cabello grueso y largo teñido de un color canela luminoso que hace juego con su piel de un tono miel bronceado. Sus ojos de un negro  intenso y brillantes como capulíes maduros son lo más encantador de su rostro. Lleva puesto un vestido blanco de una tela labrada liviana que le llega hasta las rodillas y ayuda a definir con gran sensualidad sus formas a la vez delicadas y agresivas. Sus pies perfectos descansan sobre unas sandalias blancas que le dan un aura de atrevimiento e independencia trivial.

—–Pues sí;  mi compadre Raíz me ha contado mucho de lo ocurre aquí en Paso Real —–dice el Camello suspirando—– pero también me ha contado mucho de la vida y obra de la profesora Margarita.

—–Seguro son exageraciones, usted ya lo conoce lo fantasioso que es.

De inmediato entran en una franca confianza como si se hubieran conocido durante centurias. En el diálogo el Camello ratifica lo que ya conocía por los relatos exaltados de su amigo Raíz. Margarita no tiene ningún secreto, con ella no hay lugar a ocultamientos. No tiene reparos en ratificar que consumió drogas en su adolescencia, que por ellas abandonó sus estudios de maestra normalista cuando le faltaba apenas un año para terminar. Que fue tanta su perdición, que hasta su propia familia la abandonó  y comenzó a vivir en las calles  de los municipios del Eje cafetero. Varias veces estuvo a punto de morir de sobredosis hasta que un día con una amiga que caminaba en los mismos pasos, con Lucia, tomaron la decisión de escapar de su región para ir a buscar vida en el lugar más oculto posible, en donde nadie supiera de ellas. Averiguando en muchos frentes llegaron a concluir que en el Sur había llegado la bonanza y que en decenas de pueblitos de la selva, si se arriesgaba la vida, se podía hacer fortuna sin que nadie les preguntara nada. También concluyeron que un negocio muy fácil, honrado y de buenos ingresos era vender minutos de llamadas desde teléfonos celulares. Con esa idea y  con solo lo necesario en el bolsillo se dirigieron al Sur, hasta Policarpa en la orilla del río Patía. Estando allí supieron que en realidad lo más bueno, habitaba aún más adentro. En el corregimiento de Sánchez y de él en la vereda Paso Real un lugar francamente excepcional por su ubicación geográfica única, al ser el punto de encuentro entre la carretera panamericana con el sitio en donde el río Patía se vuelve navegable hasta avanzar al mar. Pero también y por lo mismo: el lugar más peligroso, el terreno de permanente confrontación entre todos los que tuvieran armas y ambición por mantenerlo bajo su control. Sin embargo a Margarita  y su compañera Lucia,  no les importó el peligro  y una mañana de domingo llegaron a Paso Real con la firme decisión de edificar su nueva vida.

Y les fue bien. Prestaban un servicio muy eficiente a los campesinos y a los comerciantes que para la época vivían el momento más alto de la bonanza cocalera. Ellas se ganaban honradamente su plata y no se metían con nadie ni en nada diferente a vender minutos de celular. Les pagaban los precios que ellas ponían, sin chistar. De esa manera empezaron a apoderarse de la simpatía y la confianza del pueblo, comenzaron a prosperar y fueron dejando por completo el consumo de drogas.

Un día a Margarita, en un rato que estaba desocupada, le dio por enseñar a leer a un niño. En Paso Real no había ni escuela y menos maestra. El niño aprendió y regó la bola y llegaron otros y las mamas y los papas se enteraron  y  mandaron a sus hijos espontáneamente. Otro  día al caer en cuenta  que los niños ya no alcanzaban en la casa de Margarita decidieron reunirse y formalizar a Margarita como la maestra de Paso Real. Y allí hubo un quiebre grandioso en su vida. Toda la vereda se puso en función de tener un local propio para la escuela y en pagarle un sueldo a Margarita porque  les había dado  buenos resultados. Desde entonces se volvió la maestra  del pueblo. Al poco tiempo los padres de familia acordaron pedirle al gobierno que la nombre como maestra oficial: ¡Y lo consiguieron!

Lucia por su parte se había hecho cargo del negocio y tenía los ahorros suficientes como para alzar el vuelo. Así se lo hizo saber a Margarita y la invitó a que salieran de Paso Real. Pero Margarita ya no quiso. Su vida había cambiado. Encontró el rumbo que siempre quiso seguir. Se quedó en medio de sus niños y de los campesinos que la adoraban no solo por ser la maestra sino porque los ayudaba en los más variados asuntos: los educativos, los personales y hasta en los problemas que a diario se presentaban con los grupos armados.

En efecto era tanto el respeto y cariño del pueblo por Margarita, que los grupos armados no se metían con ella ni con los niños ni con la escuela. Ella había logrado que el espacio escolar se convierta en un Campo de Paz. No obstante ocurrió varias veces que los grupos armados en el momento de huir o por ganar una posición estratégica, se metían en la escuela. Ahí entonces Margarita saltaba como una fiera y en medio de la balacera salía a enfrentar a los bárbaros y siempre consiguió sacarlos de los lugares sagrados como ella les llamaba a sus Campos de Paz escolar.

IV

Lo cierto es que siempre he querido  y admirado  al Camello. Lo conozco desde que éramos adolescentes. Lo vi meterse a profundidad con toda la bohemia y el resplandor del 68. Justo en ese año ambos cumplimos los 15. Luego iniciamos juntos la  universidad queríamos  ser  profesores de matemáticas. El  abandonó la carrera y se fue a los montes de Ortega en el municipio de  Buesaco a ponerse a órdenes de Juan Espada un aguerrido líder agrario de la Asociación de Usuarios Campesinos. El Camello participó en las luchas rurales durante algunos años, fue detenido y torturado, pero no lograron condenarlo. Entonces regresó a la vida urbana y se enroló como profesor de Matemáticas y de inmediato se metió al sindicato de maestros. Por mi lado yo estudie mi carrera completa en paralelo con el ejercicio de la Música. Durante 5 años fui bajista, corista y cantante  de una orquesta de salsa muy querida por la juventud del momento. Al terminar la universidad  ingresé al magisterio y de inmediato también  fui elegido dirigente del sindicato. Allí nos volvimos a encontrar con el Camello. Fueron los años de la lucha en las calles, años duros, pero de un inmenso encanto “los años del tropel”, les decíamos. Los gobiernos eran en extremo débiles y reaccionarios y nuestras luchas cívicas, vigorosas e imaginativas, por más que fueran perseguidas, siempre salían  triunfantes. La magia que acompaña a la utopía se alineó de nuestro lado y fertilizamos a   hadas y hechiceras para que jugaran en  confabulación con nuestras locuras y de allí brotaran frutos generosos.  Durante dos décadas, en medio de gases lacrimógenos,  vidrios rotos a pedradas,  detenciones masivas, torturas,  huelgas de hambre y cantos de esperanza,  acumulamos conquistas para los maestros y para muestra comunidad más pobre.

La guerrilla no tenía casi ningún peso en el país. Los paramilitares no existían y el narcotráfico, apenas iniciaba con el negocio de la marihuana.

Con el correr de los años, el Camello logró dedicarse a lo que más le gustaba, se hizo periodista. Fundó radio periódico, acompañó emisoras comunitarias, se entusiasmó con el campo de la investigación periodística y terminó graduado en comunicación social en otra universidad.

Pero si algo lo dominó sin remedio fue la pasión por las mujeres. Se enamoraba de toda falda, tuvo más de 7 compañeras sentimentales permanentes y en ellas exactamente: 7 hijas. Nunca tuvo hijo varón. Cuando le conté la historia de Margarita, la maestra de la escuela de Paso Real, quedó encantado con ella, escuchaba absorto mis relatos sobre el tremendo coraje de Margarita defendiendo a sus estudiantes en medio de los combates entre guerrilla y paramilitares, de cómo los encaró sin temor  alguno y los obligó muchas veces a que se retirasen de la escuela y respeten la vida de los niños, de cómo sufría y luchaba para que los campesinos, los padres de sus estudiantes,  no se rindieran a pesar de las adversidades. Margarita lloró amargamente muchas veces contándome del desarraigo obligado entre  los campesinos y su fascinante  río Patía. Como ella decía: el río padre, el río abuelo, tatarabuelo de todos los que han habitado en su cuenca generosa.  ¿Cuantas historias olvidadas o no contadas, cuantos secretos guarda el río?

—–Mire —–me dijo una mañana conmocionada—–lo que indican en esta revista. ¡Todo es cierto,  yo  lo he vivido!

Y me mostró las hojas impresas de una revista que decían:

“La profanación del río”

“Sumado a las innumerables personas que los paramilitares asesinaron y desaparecieron en el río Patía, estos hombres y su barbarie también mataron al río para las comunidades afrodescendientes.     Además de ser su fuente de sustento y alimentación, cultural e históricamente, el río siempre fue parte trascendental del diario vivir de los pueblos asentados en el Patía. “Dejamos de pescar porque los peces salían revueltos en las mallas con muertos. Dejamos de bañarnos y de celebrar en el río. Nos tocó dejarlo de lado”, recordó un desplazado.      Otro contó que “bajaban cuerpos sin cabezas, sin piernas o sin brazos. Algunas veces amarraban hasta cinco cadáveres y les ponían flotadores para que la gente los viera y se atemorizaran. En una ocasión encontraron 18 muertos en una curva del río Patía por San Luis, vereda del municipio de Maguí”.     Por estas razones los pobladores del Patía dejaron de sacar el bocachico, el barbudo, el sábalo, la cachama y la tilapia que les encantaba, para comprar por más de diez mil pesos lo que la naturaleza les regalaba en perfectas condiciones. Además, los paramilitares les prohibieron a las personas recuperar los cuerpos para enterrarlos. “Si nosotros encontrábamos un cuerpo, lo anunciábamos para que la familia lo recogiera. Cuando se dieron cuenta de que la comunidad recuperaba los cuerpos, dieron la orden de asesinar al que sacara cuerpos del río. Luego la guerrilla también dio esa orden de no enterrar a ningún muerto”, señaló alguien que vivió en la región.     “La gente lloraba porque ya no podía enterrar a sus compañeros. Si veía a un muerto estancado en el borde del río, entre lágrimas, le tocaba empujarlo para que se lo llevara la corriente. La gente de la región por donde pasa el río le va a decir las mismas cosas”, recordó una víctima de esta violencia.”

V

Con el pasar de los días el Camello también se enamoró de Paso  Real. Y se quedó a vivir. Al poco tiempo se desencadeno una gran empatía entre la pareja y se juntaron conyugalmente. Ella en su diaria labor de maestra rural, él investigando la violencia en la región y reportando al mundo sobre las muertes, despojos desplazamientos y demás tragedias humanitarias de los habitantes del lugar. Durante años se convirtieron en verdaderos apóstoles que intentaban proteger a los débiles y a sus organizaciones sociales. Pero sus titánicos esfuerzos no eran suficientes. Cada día Policarpa y toda la región se descomponía más en sus valores, cultura y tejido social, era como si presenciaran que ante sus manos se desvanecía toda una sociedad. Los trabajos y campañas de los otros profesores, de las organizaciones sociales, de los defensores de derechos humanos y hasta de sectores bien intencionados del gobierno, se estrellaban contra el poderío gigantesco de la codicia desatada en un comienzo  por las utilidades de la coca y ahora, por desgracia, de la minería ilegal del oro y otros minerales preciosos.

Un día una organización defensora Derechos Humanos organizó un Foro para dar a conocer un estudio sobre la violencia en el sur de Colombia. El Camello y Margarita se enteraron y fueron hasta allí con la sola idea de leer un poema. Así lo hicieron. Ante un auditorio expectante y a reventar se oyeron las  voces de Margarita y el  Camello recitar el escrito que hicieron a dos manos.

Saber que vivimos en un paraíso, nos inspira.

Sentir esta maravilla amenazada, nos sobrecoge.

Se llenan páginas hablando de asesinatos en el Sur.

Todos asociados a la codicia.

Si no es la Coca, son las minas de metales preciosos, o las pirámides.

La misma angurria disfrazada de búsqueda de prosperidad, de ser más “vivo” que mi hermano.

Este viernes  escucharemos los resultados de la última investigación sobre violencia en el Sur… en mi Nariño (El CINEP nos ha invitado).

Al final se volverá a revelar la misma fotografía, cada vez más  tétrica, mas descompuesta;

Pero igual será otro Denuncio… como siempre…no escucharemos ningún Anuncio.

Nadie se atreverá a decir que necesitamos legalizar la Coca para,  por lo menos,  “regular” la Codicia.

¿Alguien dirá que este Sur lastimado hasta sus tuétanos no puede recibir otro monstruo más? (ahora la minería de muerte)

Nadie dirá que queremos una minería de la alegría, de los aromas que excitan al amor entre hermanos.

Nadie anunciará  que la única vieja monstruosa y pestilente que merece morir es:

La Codicia.

VI

La idea de la legalización de la coca como la única alternativa real para frenar el holocausto empezó a penetrar entre los habitantes del Sur. Todo se había probado y nada resultó. Ni el aumento de la tropa para combatir a los grupos ilegales, ni los programas alternativos para sustitución de cultivos de coca, ni los laboratorios de paz, ni los estudios, menos aún las fumigaciones, ni las más sofisticadas campañas publicitarias y educativas: ¡Nada!

El Camello y Margarita estudiaron el tema a fondo. Y decidieron abandonar los esfuerzos muy sacrificados pero  a la larga inútiles, desde la región. Fue así como renunciaron a vivir en Paso Real, arreglaron sus maletas y se fueron a recorrer el mundo, como caminantes, en busca de cuanto escenario fuera posible para clamar por la legalización de la coca como única alternativa ante la hecatombe, la masacre social y ambiental de todo un territorio y una sociedad.

Un día, en su recorrido por Europa,  llegaron a Madrid y se encontraron un Foro ambiental con repercusiones en todo el campo Europeo. Como pudieron se colaron en el Foro.  Luego el Camello, ante las cadenas de radio relató así su trabajo:

—–Estamos en CONAMA  que es un congreso de ambientalistas de mucho prestigio en Europa. En los inmensos mullidos y tibios salones del Centro de Convenciones bullen los pensamientos y propuestas para salvar al mundo de las amenazas ambientales. En las calles el otoño madrileño castiga el frio a quien se atreve a desafiarlo.

Con una gran emoción de periodista convencido de una causa trascendente y justa, el Camello,  siguió  narrando:
—–Nos integramos, con Margarita,  a una mesa de reflexión que tiene como tema: Retos y oportunidades en las relaciones Unión Europea. – Iberoamérica para un desarrollo sostenible. Los organizadores del Congreso encargaron al Dr. Cozzi de nacionalidad argentina que expusiera sobre los daños ambientales en América Latina. El gaucho habló, pero: ¡No ha dicho una palabra sobre lo que ocurre en el momento en Colombia! Ante este atropello, sobre la marcha, preparo un pequeño documento y negocio ante el coordinador que me permita leerlo. Al final, de mala gana, el coordinador acepta que intervenga con la condición de que sea algo breve.  Y así fue.
Ha dicho el presentador Madrileño:
—–Le doy la palabra, ya fuera de tiempo, a un colega colombiano que quiere leer una reflexión que dice que tiene escrita que va a ser breve y que permitirá que almorcemos a la hora prevista. Podéis coger el micrófono y proceder a la lectura.
—–Muchas gracias, empecé diciendo,  soy José Cabrera Cabrera “El Camello”, periodista y maestro colombiano. Vengo de una región que es la primera en cultivos de coca en Colombia y una de las primeras en cultivos de amapola, pero también es poseedora de la mayor  biodiversidad del mundo. Somos parte de la cuenca Chocó Pacifica, Andina y Amazónica… y somos una región de indígenas, negros y mestizos,  con proyectos muy importantes de participación en democracia directa: Cabildos, Planes de Vida. Poseemos un enorme desarrollo cultural y artístico. Mi  comentario dice lo siguiente:

En ese momento, respiré profundo y como si me  jugara la vida en estos  segundo, con la voz desgarrada por la más viva emoción y dolor exclamé:
—–Colombia padece todo lo comentado por el argentino, por el Dr. Cozzi, para América Latina, pero agravado por: una guerra interna que lleva ya 3 millones de desplazados y varios miles de muertos, por un desastre ambiental, humano e institucional que ha provocado  destrucción de biodiversidad y tejido social e institucional. ¡Todo esto producto  del cultivo y procesamiento de plantas para las drogas narcóticas que son consumidas en países del primer mundo incluido los de la Unión Europea!  Esta tragedia consume hoy a Colombia, pero también ha afectado otras naciones andinas como Bolivia y Perú, y en este momento se extiende a Ecuador Venezuela, y Centroamérica. La política norteamericana se ha concentrado en armar a Colombia para la guerra y  combatir el narcotráfico y a los cultivos por medio de glifosato fumigado desde avionetas en miles de hectáreas de nuestros bosques ríos montañas y parques naturales. La Unión Europea, para contrarrestar los daños causado por los gringos, ha destinado fondos para desarrollo social e institucional pero estos son muy inferiores en su cantidad a los destinados por EEUU para la destrucción.

Retos:
1. COMO META FINAL: Legalización de la droga mediante acuerdo de las naciones
COMO PROCEDIMIENTO: Iniciar ya el debate, no darle la espalda y conseguir apoyo al mismo en todos los escenarios posibles en el mundo
2. Incrementar los fondos de cooperación de la Unión Europea para desarrollo alternativo sostenible,

Oportunidades:
1. El control de este mal nos permitirá detener el daño a nuestros bosques y ecosistemas que son únicos en el mundo, capturadores de CO2 y productores de oxígeno y restablecer nuestro tejido social e institucional.

El Camello ha terminado de leer su sentido y sesudo pronunciamiento, hace una venia de agradecimiento al auditorio y en su interior evoca las duras imágenes de los martirizados habitantes del sur de Colombia. El público que, a pesar del cansancio, ha escuchado en absoluto silencio y con total atención  las expresiones y gestos del Camello, ahora se pone de pie y aplaude por varios segundos. Al Camello y a Margarita, estos momentos les parecen una dichosa eternidad.

VII

    Y así continuó el recorrido de la enamorada pareja por los más diversos escenarios del planeta. Fueron 8 años de incomprensiones, señalamientos, burlas, peligros y amenazas. Pero la idea cogía cuerpo. “La fuerza natural de los hechos es superior a los hechos que se imponen a la fuerza”, proclamaban Margarita y el Camello, a los cuatro vientos.

Artistas, intelectuales, organizaciones sociales, se sumaban a la causa.  Luego políticos progresistas, expresidentes y buen día hasta presidentes y otro día, mejor aún, ¡la mayoría de los presidentes del mundo! llegaron a concluir que lo único decente y viable frente al conflicto de la Coca era su legalización.

Así como fue fatal la ilegalización del alcohol en su momento, así como fue estúpida y ridícula la ilegalización del chocolate, le había llegado su momento a la legalización de la coca.

El día que la Asamblea de las Naciones Unidas, después de un cuidadoso proceso y un extenso debate, votó y   por inmensa mayoría, decidió  recomendar a las naciones del mundo la legalización de la Coca, el Camello y Margarita sintieron como si una  voz  potente, misteriosa y jubilosa, que era la suma de  millones de voces, recorría todo el río Patía desde su nacimiento hasta su desembocadura en el mar Pacífico.

     —–¡Legalizaron la Coca!… ¡Legalizaron la Coca! ¡Legalizaron la Coca!…,  anunciaba la victoriosa y dulce sinfonía, cantada por niños y viejos presentes y ausentes.

—–¡Legalizaron la Coca!… respondían en eco: la selva, los pájaros,  las aguas y los vientos del sur.

VIII

El Camello y Margarita han regresado a su tierra. Ahora  abrazados en el muelle de Paso Real, frente al Río Patía, ven coronados sus esfuerzos y  cumplida la primera parte de sus sueños. Se  miran a los ojos, se relamen los labios  y empiezan a prepararse para abonar el nuevo mundo de justicia social que ahora si se podrá edificar para los niños de Paso Real y de todo el Sur.

FIN

Tomado de http://bitacoraiz.blogspot.com.co/2012/03/legalizaron-la-coca.html?m=1

 

Dejar respuesta