NO TIENEN EXCUSA… Será esto una utopía para Colombia? Por: Octavio Quintero. Director RED-GES

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En “la hoguera de las vanidades” puede quemarse la más cercana posibilidad de sacar a los mismos con las mismas del poder en Colombia

La segunda vuelta, o balotaje, introducida en el mundo democrático de régimen presidencialista, busca que en torno a los 2 ganadores de la primera vuelta se armen coaliciones programáticas con el fin de que el ganador final llegue a la dirección del Estado con un buen capital político que le facilite la gobernabilidad: así de simple.

Queda muy difícil, por no decir imposible, que en torno a dos programas de gobierno que resultaron mayoritariamente votados por los electores en primera vuelta, los dirigentes de los partidos derrotados no encuentren puntos de acercamiento con uno u otro, y que su decisión sea la de neutralizarse con un voto en blanco.

Cuando se acoge esta filosofía, nadie debe extrañarse que los ganadores que se van a disputar finalmente la Presidencia, morigeren sus posiciones de primera vuelta, con el fin de atraer a los electores que se ubicaron en los movimientos que se quedaron al margen del debate final.

Y no debe extrañar tampoco, más bien asumir como cuestión lógica, que entre los dos finalistas se establezcan profundas diferencias políticas y de concepción del Estado, polarizadas si se quiere, pues, fue en torno a estas diferencias que se pronunciaron libremente los electores.

El dirigente político que trate de explicar su marginamiento del debate, porque no le gusta ninguno de los dos finalistas, habría que recordarle que la principal acepción de ‘dirigente’ es la persona que orienta a un grupo social y, como tal, no le queda bien sacarle el cuerpo a responsabilidades en las que se juega el futuro del país.

Y por estas razones es que el pueblo, más inteligente de lo se le reconoce, no entiende las posiciones de dirigentes como Humberto de la Calle, Sergio Fajardo y el senador Robledo de votar en blanco, con la excusa de que ni el programa de Petro ni el de Duque les llama la atención. Aunque por diferentes razones, es una excusa baladí de los tres:

1.- El candidato De la Calle, armó su discurso en torno a la paz y su implementación en el próximo gobierno. Cualquier persona, sin mucho esfuerzo mental, puede encontrar que entre Petro y Duque, en este tema, hay un mundo de por medio.  Petro, desde la Bogotá Humana, apoyó el desarrollo de las conversaciones de paz con las Farc-Ep; y, Duque, a través de sus más cercanos aliados, promete volver trizas el acuerdo.

¿Entonces, le resultaba muy difícil la decisión a De la Calle de aliarse con uno u otro? ¡Pamplinas!: eso es ganas de encontrarle cinco patas al gato.

2.- Fajardo basó su campaña contra la corrupción. De hecho, nombró por anticipado a su fórmula vicepresidencial, Claudia López, cabeza de su gobierno en esa lucha. Cierto que los dos candidatos finalistas están comprometidos con acabar o “disminuir la corrupción a sus justas proporciones”… La diferencia es que Petro lo dice con las manos limpias y, en cambio Duque lo dice parapetado en la clase dirigente que se roba al país ahora y siempre, y  quién sabe por cuántos años más,  si a través de su gobierno se perpetúan los mismos con las mismas.

¿Entonces, le resultaba muy difícil la decisión a Fajardo de aliarse con el más trasparente en este campo? ¿Usted qué opina?

3.- El caso del senador Robledo, parece más paradójico. Su eterna lucha centrada en derrotar a los mismos con las mismas, resulta ahora frustrada porque Petro, si no es de los mismos con las mismas, sí viene a ser su rival natural en la supremacía de la izquierda. Petro es a Robledo un par, y no un jefe, como pudo haberlo sido a los dos el exmagistrado, Carlos Gaviria (q.e.p.d).

Sea lo que sea, los tres andan tratando de explicar lo inexplicable de su cantado voto en blanco. Y al otro lado, Duque, contradictor a ultranza de los cuatro (incluyendo a Petro), se frota las manos: ganador holgado en la primera vuelta, sabe que cualquier voto que se le quite a Petro es, indirectamente, un voto más que se le suma a él.

Lo admitan o no: Fajardo, De la Calle y Robledo, están jugando ahora mismo en favor de Duque. Ellos lo saben, y si no lo saben, sería imperdonable que cosa tan simple, que cabe en la cabeza de un niño o niña apenas entrando en uso de razón, hubiera sido la misma persona que se nos postuló como apto para dirigir los destinos del país.

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