REFLEXIONES TRAS EL 27M. No se trata de sumar números, sino de juntar sueños. Por: Roberto Nuñez

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Tras los resultados electorales de las elecciones presidenciales del 27 de mayo queda claro que los sectores  inconformes que se expresan por esta vía son cada vez mayores.  En  el año 1986 la Unión Patriótica, partido de izquierda nacido del proceso de paz fallido entre el estado colombiano y la guerrilla de las Farc, obtuvo  328.752 votos (4.54%).  Este partido no pudo presentar después candidatos presidenciales debido a que  sus miembros fueron amenazados, perseguidos y muchos de ellos asesinados. Otros  se vieron obligados a exiliarse como fue el caso de Aída Avella, concejal  de Bogotá.

En  las elecciones de 1990 la Unión patriótica no pudo participar en la  contienda electoral  por el asesinato de su candidato  Bernardo Jaramillo. La recién desarmada guerrilla del 19 participaba con su jefe Pizarro. Sin embargo, este también caería bajo los disparos de la ultraderecha. Lo reemplazaría Antonio Navarro, quien obtuvo 754,740 votos, el 12.16%, porcentaje que se reduce a 3.79  en 1994. En 1998  desaparece cualquier alternativa.

En 2002 varios partidos y agrupaciones políticas se juntan y lanzan la candidatura de Luis Eduardo Garzón, quien alcanza 680.245 votos ( 6.15%). Ya como Polo Democrático Alternativo, en el año 2006 surge la candidatura de Carlos Gaviria, quien marca un hito al obtener  2,613,157  (22.02%). El  Polo, sin embargo, no logra consolidarse y en el 2010 retrocede cuando su candidato a la presidencia Gustavo Petro obtiene 1,331,267  votos (9,13%). Algo se recupera en el 2014 con clara López Obregón, quien alcanza  1.958.518  votos (15.23%). El año que corre, 2018, significa  un nuevo envión para la izquierda y los movimientos alternativos. Su candidato, nuevamente Gustavo Petro, obtiene el 25,09 de los votos de 4.850.369.

Sin embargo,  hay algo más, otro movimiento alternativo obtiene casi la misma cantidad de sufragios, Sergio Fajardo, del Partido Verde llega a los 4.588.219 (23.73%).  Si bien es cierto que en estas últimas elecciones gana el ultraderechista  y uribista (disculpen la redundancia) Iván Duque, no  lo es menos que por primera vez se expresa en el país  electoralmente de forma mayoritaria el deseo de transformación, de cambio. Deseo   del que también hacen parte quienes votaron a Humberto De La calle.

No se trata de sumar números, sino de juntar sueños, esperanzas. Hoy, como hace mucho tiempo no lo veíamos, se expresan de manera consistente unas mayorías que quieren construir una Colombia. Ni Duque ni el clientelista Vargas Lleras le ganaron a esas mayorías. El títere de Uribe ganó porque los otros estaban divididos. No es fácil ganarle a la copia de Uribe en la segunda vuelta, pero tampoco imposible.

Hay que juntarse,  sin renunciar a ser diferentes se puede llegar a acuerdos, a consensos. No se trata de egos ni de partidos políticos se trata de la urgencia de superar el hambre, la pobreza, la exclusión y el abandono. Los líderes y partidos políticos deben estar hoy, más que nunca, a la altura de los pueblos.

Hoy hemos ganado mucho, pero pudo ser más. Estamos a tiempo. No olvidemos a Gonzalo Arango quien nos decía que

Una mano

más una mano

no son dos manos;

Son manos unidas.

Une tu mano

a nuestras manos

para que el mundo no esté

en pocas manos

sino en todas las manos.

Así que por la Colombia que soñamos todos, ¡manos a la obra!

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